Salmos 98:4-6 “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra; Levantad la voz, y aplaudid, y cantad salmos. Cantad salmos a Jehová con arpa; Con arpa y voz de cántico. Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, Delante del rey Jehová”.
Por: Dayse Villegas Zambrano
¿Quiénes están llamados a alabar a Dios? Los creyentes, sin duda. Pero los salmos tienen unas fronteras bastante amplias. Básicamente convocan a toda la tierra a cantar, aplaudir y tocar instrumentos, porque Jehová es el rey de toda la tierra.
Dios no es simplemente un rey territorial o el rey de pequeños grupos alrededor del mundo, esto es algo que vale la pena aclarar. Él es rey sobre toda la creación (Salmos 47:2) y todos los pueblos están llamados a aclamarlo. En cuanto a su llamado, Dios no hace acepción de personas. No mira estatus ni nacionalidad. Las puertas de su casa están abiertas. Dios ni siquiera pone una barrera para que los ejecutores de los pecados más terribles no entren. “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15).
En la parábola del banquete de bodas, cuando los invitados declinan, el rey manda a sus mensajeros a traer a la gente que encuentren en la calle. Jesús quiso sentarse a la mesa de los publicanos odiados por todo el mundo (Lucas 5:27-29: Lucas 19:5) y a la mesa de los judíos que lo odiaban a él (Lucas 7:36).
La mesa de Dios hoy está puesta para el que quiera acercarse y tomar asiento, para el que quiera cambiar su tristeza por un canto de alegría y por música de fiesta. Parte de nuestra adoración es invitar a todas las personas a que vengan a esta mesa. Que este sea un año en el que, en vez de juzgar nosotros mismos a alguien como digno o indigno del llamado, actuemos en obediencia. Permitamos que otros nos escuchen y nos vean glorificar a Dios consistentemente y usemos la ocasión para invitarlos a unirse.