1 Corintios 10:12 “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.
Por: Ericka Herrera de Avendaño
La confianza excesiva en uno mismo es la forma más peligrosa de embriaguez espiritual. Este versículo es una advertencia directa contra la autosuficiencia, la cual es lo opuesto a la sobriedad. Ser sobrios implica reconocer nuestra fragilidad humana y nuestra dependencia total de la gracia de Dios. El momento en que un cristiano cree que ya “lo ha logrado” o que es “invulnerable” a cierta tentación, es precisamente cuando está a punto de caer.
Velar sobre nuestro propio corazón requiere una humildad profunda. La firmeza que Dios aprueba es la que se apoya en Sus fuerzas, no en nuestro historial de victorias pasadas. El exceso de confianza nos hace bajar la guardia, dejar de orar con fervor y exponernos a situaciones peligrosas. La constancia se mantiene cuando recordamos que cada día necesitamos el pan espiritual para no desmayar.
Velar es estar atentos a las pequeñas grietas: una mentira piadosa, un pensamiento impuro no confesado o un rastro de orgullo por nuestros logros ministeriales. La sobriedad espiritual nos mantiene con los pies en la tierra y los ojos en el Cielo. Hoy, te desafío a renunciar a toda jactancia.
No te confíes en tu conocimiento bíblico ni en tus años en la iglesia. Mira con cuidado por dónde caminas. La vigilancia personal es el mejor seguro contra la caída. Al reconocer que somos débiles, permitimos que el poder de Dios nos sostenga firmes. Que tu seguridad esté en Cristo, no en ti mismo. Una Iglesia que vela con humildad es una Iglesia que Dios puede exaltar y sostener a través de cualquier prueba. Mantente alerta, mantente dependiente y que tu firmeza sea el reflejo de la mano de Dios sosteniéndote.