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1 Corintios 15:58 “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

Amados hermanos y amigos el apóstol Pablo concluye uno de los capítulos más gloriosos acerca de la resurrección con una exhortación profundamente práctica, “estad firmes y constantes”. Esto revela que la doctrina correcta no solo debe inspirar esperanza futura, sino producir perseverancia presente.

La firmeza espiritual no se demuestra únicamente en momentos visibles de victoria, sino en la capacidad de permanecer cuando llegan el cansancio, las pruebas y las dificultades. Ser constante significa continuar avanzando aun cuando las emociones fluctúan, aun cuando las circunstancias no son favorables y aun cuando no hay reconocimiento humano.

Muchos comienzan el camino de la fe con entusiasmo, pero el tiempo revela quiénes realmente están arraigados en el Eterno. Porque la constancia no depende de emociones momentáneas, sino de convicciones profundas. Las emociones cambian, la verdad permanece.

Vivimos en una generación marcada por la inmediatez. Todo debe ser rápido, visible y fácil. Pero el crecimiento espiritual generalmente ocurre en procesos silenciosos y prolongados. El Eterno trabaja en lo profundo, formando carácter, afirmando la fe y fortaleciendo el corazón a través de la perseverancia.

La Palabra de Dios también nos recuerda que el trabajo en el Señor no es en vano. A veces los cristianos pueden sentirse agotados, pensando que sus esfuerzos no producen fruto. Pero el Eterno ve cada acto de obediencia, cada oración, cada servicio y cada paso de fidelidad. Aunque los resultados no siempre sean visibles inmediatamente, el Señor jamás ignora una vida perseverante.

La firmeza espiritual no significa ausencia de lucha. Incluso los cristianos más maduros enfrentan momentos de debilidad. Pero existe una diferencia entre tropezar y abandonar. El que permanece firme no es aquel que nunca enfrenta dificultades, sino aquel que decide seguir confiando en Dios aun en medio de ellas. La sana doctrina fortalece precisamente esa estabilidad interior. Porque cuando el cristiano comprende quién es Dios y cuáles son Sus promesas, encuentra razones para permanecer aun cuando todo alrededor parece incierto.

Hoy el Señor sigue buscando cristianos constantes. Personas que no vivan solamente de impulsos espirituales, sino de una relación sólida y perseverante con Él. Hombres y mujeres cuya fe permanezca firme tanto en los días de abundancia como en los días de prueba. Porque al final, la victoria no pertenece solamente a quienes comienzan, sino a quienes permanecen fieles hasta el final. Shalom.

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