1 Corintios 9:22 “Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
En tecnología de los materiales, la flexibilidad se define como: “la capacidad de un material de doblarse sin romperse”. El antónimo es: “rigidez”. En la mentalidad del apóstol, estaba el objetivo de llevar a todos los que pudiera a la salvación en Cristo. Salvación que es ofrecida por Dios gratis y sin diferencias culturales, raciales o genéricas.
Pablo aprendió a ser flexible. Supo por experiencia propia que todo lo “rígido” se rompe. El Señor rompió la rigidez de su religión, de su alma y de su espiritualidad, en el camino a Damasco. El Evangelio y sus demandas de arrepentimiento de pecados y de reconocimiento de la obra salvadora de Cristo en la cruz son la sustancia inmodificable de la “Salvación”.
Las formas de compartirlo, el envase que lo lleve, las condiciones culturales en que sea presentado deben ser flexibles. Pablo desarrolló sus labores, haciéndose todo a todos (flexibilidad), para llevar el Evangelio superando los problemas y dificultades culturales de los pueblos.
Aceptaba estar bajo la Ley mosaica para ganar a los de su pueblo. Pero se sentía emancipado de esta (aunque sujeto a la ley de Cristo), para alcanzar a los gentiles. Había aprendido a ponerse en el lugar de los demás, es decir, a tener el punto de vista del otro. El apóstol no comprometió su fe o su integridad, sino que usó su conocimiento y comprensión de la gente para llegar a ellos con el mensaje del Evangelio. Él no se convirtió en un pecador para ganar a los pecadores, sino que se amoldó a sus necesidades y entendimiento para llevarles la Palabra de Dios. Es asombroso que un hebreo de hebreos haya podido manejar diversas situaciones difíciles al mismo tiempo. Fue flexible en sus estructuras culturales, pero muy firme en la sustancia del Evangelio por uno más para Cristo.