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Mateo 7:24−25 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”.

Por: Marianella Layana de Jácome 

Muchos recordamos aquella fabula que nos contaban de niños sobre tres hermanos cuyas casas fueron construidas con distintos materiales. Algunas parecían suficientes mientras todo estaba tranquilo, pero cuando llegaba el depredador y comenzaba a soplar, solo permaneció en pie la que había sido edificada sobre un fundamento sólido.

Con los años descubrimos que esa historia habla más de nuestra vida de lo que imaginábamos. Jesús comparó al hombre sabio con alguien que construyó su casa sobre la roca. Cuando llegaron los vientos y tormentas, aquella casa permaneció firme. Todos estamos construyendo algo en esta vida: nuestro carácter, nuestra fe, nuestras relaciones y nuestras decisiones. Y aunque solemos preocuparnos por lo que otros ven, Dios está más interesado en aquello que nadie observa: el fundamento.

La madurez espiritual no consiste en aparentar fortaleza, sino en desarrollar raíces profundas en Dios. Es fácil decir que confiamos cuando todo marcha bien. Lo difícil es seguir confiando cuando llegan las preguntas, las pérdidas, los silencios y las pruebas. Jesús dijo que el hombre prudente no era simplemente el que escuchaba sus palabras, sino el que las ponía en práctica. Porque la fe no se fortalece solamente con conocimiento, sino con obediencia.

Las tormentas de la vida tienen una forma particular de revelar dónde hemos puesto nuestra confianza. Lo que parecía firme puede derrumbarse en un instante si no está sostenido por Dios. Pero cuando una persona ha aprendido a caminar con Él, a obedecerle y a depender de su Palabra, descubre que existe una fortaleza que las circunstancias no pueden destruir.

Quizás hoy las dificultades estén sobre alguna área de nuestra vida. No miremos solamente la tormenta. Las pruebas no siempre muestran la debilidad de una persona; muchas veces revelan la profundidad de la obra que Dios ha hecho en ella. Una fe madura no es aquella que nunca enfrenta dificultades, sino aquella que permanece firme porque ha aprendido a descansar sobre la Roca que es Cristo Jesús.

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