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2 Tesalonicenses 2:15 “Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra”.

Por: Ericka Herrera de Avendaño

La firmeza de la Iglesia está directamente ligada a la pureza de su doctrina. En un mundo inundado de “nuevas revelaciones” y filosofías humanas, el mandato bíblico es “retener” lo que ya ha sido establecido en la Palabra. Ser sobrios en este aspecto significa no dejarse seducir por enseñanzas que halagan el oído,  pero debilitan el alma. La sobriedad doctrinal es el ancla que impide que la Iglesia sea arrastrada por corrientes ideológicas de moda. Velar por lo que creemos es fundamental para nuestra supervivencia espiritual. 

Si el fundamento teológico se tambalea, toda la estructura de nuestra vida cristiana se pondrá en riesgo. La constancia se manifiesta en estudiar, meditar y obedecer la sana doctrina día tras día, sin desviarnos a derecha ni a izquierda. Pablo nos insta a no soltar la verdad recibida. Velar implica también discernir los sutiles errores que intentan mezclarse con la verdad para corromperla. 

Hoy te animo a que vuelvas a las raíces de tu fe. No busques novedades que te distraigan del evangelio sencillo y poderoso de la cruz. La firmeza en la doctrina produce una conducta firme; cuando sabes en qué crees, sabes cómo vivir. La sobriedad espiritual te dará la claridad para rechazar todo lo que no esté alineado con la Escritura. Que tu mente sea un terreno guardado solo para la semilla de la Verdad. Al retener la doctrina con fidelidad, aseguras que tu crecimiento sea sólido y que tu testimonio sea irreprochable ante el mundo. Iglesia, estad firmes en la Palabra, velad por vuestra enseñanza y sed constantes en la práctica de los mandamientos que nos dan vida eterna.

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