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1 Corintios 14:20 “Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar”.

Escrito Por: Ps. David Pérez Vera 

Hoy debemos de mirar hacia el corazón donde nacen los buenos y malos pensamientos, considerando que antes de llegar a los pies de Cristo lamentablemente por nuestra naturaleza pecaminosa fueron contaminados de maldad y es ahí la razón por la cual, muchos cristianos no pueden experimentar un crecimiento espiritual en ascendencia, por la sencilla razón que todavía abrigan maldad en sus corazones. La malicia, pervierte las relaciones interpersonales, primeramente, con el Eterno; así como con otros hermanos, familiares y amigos en el diario vivir. 

En ese sentido, la malicia daña profundamente el conocimiento que como hijos de Dios vamos adquiriendo en los primeros pasos de fe, por cuanto la malicia que se desarrolla como la cizaña contamina y mina a otros cristianos que, al final del día, se convierten en jueces para con el prójimo, al ver la paja en los ojos de los demás y no realmente su verdadero problema que se ha anidado en su corazón.  Por tanto, la malicia caminando a pasos gigantescos va esparciéndose y provocando en la vida de un cristiano, inmadurez en su modo de pensar. Cuando el cristiano ha crecido espiritualmente llegando a un nivel de madurez, su comportamiento dará evidencia de ello, por cuanto en él habrá sabiduría y entendimiento; y como dice el mismo Santiago en su epístola, Santiago 3:13 “¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre”. Motivo por el cual, hoy esta carta dirigida a nuestros hermanos en Corintos, llega a nosotros y se nos pide que, no actuemos como niños en el modo de pensar, más bien nuestros pensamientos y actos deben estar gobernados por Dios en la madurez alcanzada, porque de lo contrario, ello no permitirá el crecimiento espiritual, que, estamos llamados a alcanzar para la Gloria de Dios, Shalom.

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