Salmos 25:4 “Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; Enséñame tus sendas.
Por: Walter Encalada Pazmiño
En los escritos sagrados de su Santa Palabra sus apóstoles han escrito en los evangelios varias experiencias de su andar con el Maestro, sus experiencias nos dan un claro ejemplo de lo que significa seguir a Jesús, dándose a conocer su evangelio por toda la tierra, poniendo en ellos una viva esperanza de vida, a todos lo que hemos creído en Jesús como nuestro suficiente Salvador, entregándonos una herencia incorruptible, incontaminada, e inmarcesible, reservada en los cielos para los que hemos creído en Su Santo nombre, en el tiempo postrero, sin antes ser afligidos en diversas pruebas y sometida a prueba vuestra fe, más preciosa que el oro. Su fe que vale más que el oro tiene que probarse por medio de problemas, aflicciones, dando como resultado una fe genuina, y si es probada recibirá la gloria y honor cuando el Maestro descienda entre las nubes de los cielos por segunda vez a llevarse a Su Iglesia.
El primer paso es haber recibido a Cristo como nuestro Salvador, ser bautizado y estar dispuesto a tomar la decisión de seguirlo, ser como Él, estar dispuesto a anunciar el mensaje del evangelio a toda persona, guardando sus mandamientos en cada momento, tal como un aprendiz procura ser como su maestro.
Para llegar a ser un buen discípulo de Jesús, se necesita un gran número de características que Cristo con su ejemplo nos brinda, eso significa que ser un seguidor del Maestro es: Leer diariamente su palabra y permanecer fieles. Un verdadero discípulo de Jesús no es solo ser su discípulo, sino seguir sus pasos durante toda la vida, tener el amor y la compasión por los desvalidos sin importar su condición, eso significa más que seguirlo, y sobre todo aprender y aplicar siempre su ejemplo en la vida diaria.
Los verdaderos seguidores de Cristo viven de tal manera que asemejan su vivir como el Maestro, Pedro el apóstol lo manifiesta en la Palabra de Dios de esta manera: “Vosotros también, por este mismo poned toda diligencia en añadir vuestra fe virtud; y a la virtud conocimiento y al conocimiento, templanza; y a la templanza, paciencia; y a la paciencia, piedad; y a la piedad, afecto fraternal; y al afecto amor. En los tiempos del Maestro muchos afirmaban ser justos pero sus acciones demostraban lo contrario daban limosnas a los pobres, pero les ofrecían lo que les sobraba, oraban solo para ser vistos por los hombres, el Maestro siempre les decía, este pueblo de labios me honra, más su corazón lejos de mi esta (Mateo 15:8). Hermano que esto no suceda en su vida como creyente y luego como discípulo.
En el capítulo 2 a los Efesios el apóstol Pablo en estos versículos expone la Palabra de Dios de una manera directa. Versos 11-12: “En aquel tiempo estabais sin Cristo alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos al pacto de la promesa, pero ahora en Cristo Jesús vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Y éramos por naturaleza hijos de ira”, como hijos de Dios debemos tener presente nuestra situación anterior, alejados de toda bendición, gracias a Dios nos recató de esa condición y hoy disfrutamos de su amor y cuidado.