Romanos 12:1 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
La adoración del Nuevo Testamento ya no es un sistema de ofrendas y sacrificios ceremoniales. En la actualidad, nuestros actos de adoración fluyen desde el interior de nosotros mismos: del corazón, la mente y el espíritu (Juan 4:23-24).
Nuestro culto racional capta la verdad de lo que Cristo ha hecho por nosotros y luego responde a ese conocimiento con una devoción agradecida y de todo corazón (Hebreos 12:28). Solo cuando nuestras mentes son transformadas y renovadas, ya no fijadas en las cosas mundanas, sino centradas en Dios, podemos adorarle en espíritu y en verdad.
Los sacrificios del Antiguo Testamento eran sacrificios muertos, pero ahora nosotros somos sacrificios vivos. Jesús es nuestro ejemplo, el modelo perfecto de un sacrificio vivo que vivió y murió en obediencia a la voluntad de su Padre. Somos vivificados en Cristo y facultados por Él para vivir una vida justa (Romanos 6:17-18; 1 Corintios 1:30). La vida santa es ahora nuestro culto racional (Efesios 4:1-3; 2 Pedro 3:11). “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Tesalonicenses 4:7-8). Ofrecemos nuestros cuerpos no “para servir a la inmundicia y a la iniquidad”, sino “para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia” (Romanos 6:19). Cada día que vivimos para agradar a Dios y obedecer Su voluntad, estamos realizando nuestro culto racional de adoración genuina y de todo corazón a Dios, Amén.