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2 Timoteo 1:9 “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”

Por: Nelly Jácome de Pérez 

Este versículo nos recuerda que nuestra salvación no es un accidente, sino parte de un plan divino. Dios nos ha llamado con un propósito santo que trasciende nuestras propias acciones y méritos. El Apóstol Pablo luego de indicar que hemos sido salvos por la gracia de Dios, vincula el llamado a la santidad con nuestra salvación. No solo he sido salvo por gracia. También he sido llamado a vivir una vida santa por la gracia y el propósito de Dios. 

Es por la gracia de Dios que me llama a ser distinto de este mundo, viviendo una vida apartada para él. Podría ser tentador pensar que el llamado a la santidad es más bien una obligación derivada de nuestra salvación por gracia. Pero no es así. Mi llamado a la santidad también es un acto de gracia. La gracia que me ha dado, y su llamado a una vida santa, me fue dada en Cristo Jesús. Es un privilegio vivir una vida dedicada a Dios.

Sabiendo que somos llamados por Dios y cubiertos por Su gracia, podemos actuar con mayor confianza y valentía. Podemos enfrentarnos a desafíos y adversidades con la certeza de que Dios está con nosotros y tiene un plan para nuestras vidas. El vasto panorama de gloria que se despliega ante la fe en el llamamiento de Dios hace que las glorias de este mundo que se desvanecen parezcan muy pequeñas y tenues. Y una vez que se ven en sus verdaderas proporciones, no llega a ser una gran dificultad el dejarlas atrás. Y si el llamamiento de Dios pudiera implicar alguna “ligera aflicción momentánea», ¡qué importa! ya que sabemos que en el más allá hay «sobreabundante… peso eterno de gloria” (2 Cor. 4:17).

Que esta reflexión te anime a profundizar en tu fe y a buscar el propósito y la gracia que Dios tiene para ti y a vivir con una mayor consciencia de nuestro llamado y una mayor confianza en la gracia de Dios, Amén.

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