Romanos 8:10 “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia.”
Por: José Vaquero Aragundi.
Este versículo nos hace recapacitar sobre la obra regeneradora de Cristo en nuestros corazones. Aunque el pecado trajo la muerte a nuestro cuerpo físico, en Cristo tenemos una nueva vida espiritual incorruptible. Su justicia nos ha dado vida junto a la esperanza de la eterna salvación.
Nuestro cuerpo está muerto a causa del pecado por la naturaleza pecaminosa que nos alejaba de Dios, pero al poner nuestra fe en Cristo, fuimos sellados con el Espíritu Santo, quien nos da vida y nos guía hacia toda justicia y verdad (su palabra es verdad Juan 17:17). Esto significa que ya no somos más esclavos del pecado, sino que somos libres para adorar al Señor en espíritu y en verdad puesto que somos vivificados por su Espíritu.
Esto nos invita a reflexionar, que, aunque nos enfrentemos a limitaciones físicas, o suframos las consecuencias del pecado en el mundo, sabemos bien que nuestra nueva vida no es medida por lo terrenal, sino por lo eterno. Vivamos esta nueva vida en Cristo, no confiando nuestra propia justicia y fuerza, sino que vivámosla confiados en el poder del Espíritu de Dios que mora en cada uno de nosotros.
Recordemos que nuestra identidad como discípulos de Cristo, no está en nuestro pasado lleno de faltas y pecado, sino en quien nos ha dado vida, propósito y esperanza, es decir, en el Señor. Sintámonos agradecidos, sabiendo que el Espíritu Santo está con nosotros, obrando en nuestros corazones, fortaleciéndonos para perseverar en su justicia y experimentar la plenitud de la nueva vida en Cristo, como fieles discípulos esperando nuestra reunión con nuestro gran Dios y Señor Jesucristo.