Hechos 2:46 “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.”
Por: José Vaquero Aragundi.
En Japón se les enseña a los niños la historia del samurai Mori Motonari que en una ocasión mientras se encontraba con tres de sus hijos, dio a cada uno una flecha, pidiéndoles que las rompieran. Cada uno rompió su flecha fácilmente. Inmediatamente después le dio a cada uno un manojo de tres flechas juntas para que hicieran lo mismo, pero ninguno pudo hacerlo. Motonari quería darles a sus hijos la lección de que solos serían fácilmente derrotados pero que unidos eran mucho más fuertes.
En la Santa biblia encontramos en Eclesiastés 4:12 “Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Dios a través de su Palabra nos enseña a ser unidos y a amarnos unos a otros con amor verdadero, amor que solamente puede sembrar en nosotros el Espíritu Santo que mora en nuestros corazones. Sólo viviendo en unidad y armonía perfecta, es que los cristianos podemos alcanzar toda bendición del Señor, como dice en Salmos 133:3.
Un cristiano que no vive en comunión con sus hermanos, es presa fácil del enemigo que anda como león rugiente, buscando destruir vidas; siendo importante no dejar de congregarse jamás, para mantener la comunión y avivar así el amor fraternal que Cristo mandó a todos sus discípulos.
Oremos hermanos para que el Señor avive la llama del amor y la unión en cada uno de nosotros, para que de esta forma permaneciendo unánimes, nada ni nadie, pueda ponernos tropiezos y mucho menos vencernos, ya que seremos fortalecidos por el Señor gracias a la oración de unos por otros.