Tema: Como discípulos de Jesús recordamos su entrada al mundo. Isaías 9:6 “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.
Por: Pst. David Agustín Pérez Vera
Amados hermanos y amigos, empezamos por la gracia y la misericordia de Dios el último mes del año, con este pasaje que representa la más hermosa joya profética. Isaías proclamó esta profecía aproximadamente 800 años antes del nacimiento de Cristo, en un tiempo de profunda oscuridad espiritual. El pueblo de Israel estaba dividido, bajo amenazas de guerra, y se sentía abandonado por Dios. Sin embargo, en medio de la desesperanza, el Señor habló a través del profeta para anunciar que la luz vendría y que esa luz no sería un sistema político ni un líder humano, sino por medio del Mesías prometido es decir el Dios del universo tomando forma de un niño, portador de autoridad Eterna.
A veces nosotros también pasamos por temporadas oscuras, donde parece que las promesas de Dios tardan. Pero Él no se olvida, ni se equivoca, ni llega tarde. En tal sentido podemos mirar los nombres que el profeta Isaías usa para describir al Mesías prometido: Admirable Consejero, porque su sabiduría es perfecta; Dios Fuerte, porque no hay batalla que Él no pueda vencer; Padre Eterno, porque su amor nunca cambia; Príncipe de Paz, porque solo Él puede calmar la tormenta del corazón.
Cuando Isaías anunció esto, el pueblo no tenía idea de cómo Dios cumpliría su Palabra, pero el Eterno ya tenía un plan perfecto: Jesús. Y así como Él cumplió esa promesa, también cumplirá las que nos ha hecho a nosotros como Pueblo Suyo. Quizás estás esperando una respuesta, una sanidad, una puerta que se abra. No pierdas la fe. El mismo Dios que cumplió su promesa en Belén, cumplirá la suya en tu vida.
En Cristo se cumplen todas las promesas del Antiguo Testamento. Él es la respuesta definitiva al anhelo humano de redención. Cada promesa cumplida nos recuerda que el Eterno siempre cumple su Palabra, aunque el cumplimiento tarde. Como dice 2 Corintios 1:20 “Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén”.
A veces sentimos que Dios tarda, pero el tiempo de espera es el terreno donde crece la fe. Israel esperó siglos, y Dios cumplió a su tiempo. Así también, todo lo que el Eterno ha dicho sobre nuestra vida y sobre la Su Iglesia se cumplirá, porque Él no miente ni cambia (Números 23:19). Shalom.