Lucas 3:4 “Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas”.
Por: Pst. David Agustín Pérez Vera
Juan el Bautista tenía una misión clara, preparar al pueblo para la llegada de Jesús. Su mensaje era directo, llamando a la gente al arrepentimiento y a la transformación de vida. La preparación no era solo física o externa, sino un cambio profundo del corazón y de la conducta. Este llamado nos recuerda que la llegada de Cristo, no se limita a celebraciones o tradiciones, requiere una preparación interna.
Hoy, el desierto puede ser nuestra rutina diaria, nuestras dificultades o los espacios vacíos donde sentimos que el Eterno está distante. Juan nos enseña que nuestro Padre Celestial quiere que esos lugares sean preparados, enderezados y llenos de Su Amor. La preparación implica arrepentimiento, reconciliación y disposición para recibir a Cristo Jesús en nuestra vida. No podemos recibir la salvación de manera superficial, requiere transformación auténtica.
Juan el Bautista con su ejemplo también nos inspira a ser instrumentos del Eterno y Soberano Dios en todo lugar donde nos desarrollemos diariamente. Así como Juan guió a la gente hacia la esperanza y la fe, nosotros podemos hacer lo mismo, afirmando a quienes sufren, compartiendo la Palabra y mostrando amor práctico. La preparación no es un acto solitario, involucra testimonio, enseñanza y servicio. Digámosle en este día a nuestro Padre Eterno, que anhelamos servirle de todo corazón y por eso necesitamos de Sus Fuerzas por medio del Espíritu Santo para preparar nuestro corazón y enderezar nuestros caminos, para ser un instrumento que ayude a otros a encontrarle. Shalom.