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Lucas 2:6-7 “Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera

El nacimiento de Jesús no fue un evento cualquiera; fue la culminación de siglos de promesas y profecías. María y José son modelos de obediencia y confianza en Dios. Ambos enfrentaron circunstancias difíciles, María, como joven comprometida, aceptó ser la madre del Salvador a pesar de su juventud y de las críticas que podría recibir. José, su esposo, demostró fidelidad y coraje al proteger y apoyar a María, obedeciendo las instrucciones del ángel. Su ejemplo nos enseña que la obediencia a Dios a veces requiere sacrificio, confianza y disposición a actuar a pesar del miedo.

Su vida también nos muestra cómo el Eterno actúa a través de la familia y de la comunidad cristiana. Cada gesto, cuidado y decisión tomada por María y José fue parte del plan divino para cumplir la promesa del Mesías prometido. Esto nos recuerda que nuestras acciones, aunque pequeñas o silenciosas, pueden tener un impacto eterno si son guiadas por el Espíritu Santo de Dios. La obediencia no siempre es fácil, especialmente cuando el mundo nos ofrece caminos más sencillos o cómodos. Sin embargo, la fidelidad trae bendición y permite que el plan del Eterno se cumpla en nuestra vida y en la de quienes nos rodean.

Amados hermanos y amigos, debemos de tener presente que nuestra obediencia puede manifestarse en decisiones familiares, laborales, ministeriales o sociales. Al igual que María y José, estamos llamados a actuar con integridad, fe, obediencia y disposición a servir. Esto implica confiar en todo tiempo el Soberano Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, incluso cuando no comprendemos todo, y poner en práctica su voluntad en nuestras acciones cotidianas. La obediencia activa fortalece nuestra fe, inspira a otros y nos acerca a vivir de manera plena en el propósito de Dios. 

Tenemos la hermosa bendición de compartir nuestro testimonio de fe y obediencia con nuestra familia, iglesia y ante toda la sociedad, de que somos hijos del Rey de reyes y Señor de señores. Shalom.

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