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Mateo 1:22-23 “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera

El nombre Emanuel resume el milagro más grande del universo, Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros. Desde Génesis, el ser humano había experimentado separación de su Creador a causa del pecado, pero en Jesús el Padre Eterno vino a restaurar esa comunión perdida. La época de la Navidad, es la oportunidad para la proclamación de que ya no estamos solos, porque en Cristo, Dios mismo se acercó a nosotros. ¡¡¡Gloria a Dios!!!

Mateo, discípulo y apóstol del Señor Jesucristo, cita esta profecía para mostrar que el nacimiento de Jesús no fue un hecho casual, sino el cumplimiento del plan redentor anunciado siglos antes. Cada palabra, cada detalle, había sido cuidadosamente dispuesto por el Eterno. Él no solo vino a visitar el mundo, sino a quedarse, a habitar entre su pueblo, a vivir nuestra realidad y a ofrecer salvación y vida eterna.

En medio de la soledad, el dolor o las crisis que muchos enfrentan en estas fechas, esta verdad sigue siendo fuente de consuelo, Dios está con nosotros. No como una idea religiosa, sino como una presencia viva y real que acompaña, fortalece y guía. Él está con la familia que sufre, con el corazón quebrantado, con el creyente que lucha por afirmar su fe.

Amados hermanos y amigos, la Navidad no es solo recordar un nacimiento antiguo, sino celebrar una presencia real actual de nuestro Señor Jesucristo. Jesús no se quedó en el pesebre, hoy vive en los corazones que lo reciben como el Señor y Salvador de sus vidas. Por eso, aun cuando el mundo cambia y las circunstancias parecen adversas, tenemos esperanza. Emanuel camina con nosotros, y su amor permanece para siempre. Tengamos presente cada día que Emanuel (Dios con Nosotros) está todos los días de nuestras vidas, contigo, conmigo con todos los que le han recibido en su corazón, incluso en los días más difíciles que podamos enfrentar. Shalom.

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