Estamos Ubicados en:
Ximena 421 y Padre Solano,
info@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216
Berajot
berajot@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216

Éxodo 16:10Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube.

Por: Dayse Villegas Zambrano

Ser firme y constante es, para muchas personas, la actitud con la que desean empezar un nuevo año. Firmes en sus propósitos, constantes en sus planes. No todos lo logran. Con el tiempo, algunos desertan por falta de interés, de recursos, de tiempo, de reconocimiento, de apoyo o la excusa que elijan.

En cuanto al carácter cristiano, ¿qué hace falta para ser firme y constante? Una base sólida. Inamovible. Que le permita al creyente mantener su ubicación y su dirección mientras sigue avanzando. Un GPS espiritual. Y el creyente lo tiene: un fundamento que es Jesucristo (1 Corintios 3:11). Con esto podemos dejar todas las excusas y explorar cómo mantenernos firmes y constantes en glorificar a Dios.  

Empezaremos con Moisés, quien tuvo la oportunidad de tratar personalmente con Dios durante ocho décadas de liderazgo. En Éxodo 16 lo vemos frente a una congregación que continuamente se negaba a reconocer a Dios, que a la menor dificultad ponía en duda las intenciones de Dios para ellos, que hablaba todo el tiempo de regresar al país en el que había sido esclava. 

En este capítulo, están disgustados porque extrañan comer carne y pan. Moisés y Aarón evitan la confrontación. Dios resolverá el asunto. Pues les advierten que las murmuraciones no son contra ellos, sino contra Dios. Y en ese momento en que el Señor podría haberse alejado, ocurre lo contrario. Ante la mirada de Israel, la gloria de Dios aparece en una nube en el desierto y les promete que ese día comerán hasta saciarse.

No es una concesión ante la revuelta. Es una lección y también un examen (Éxodo 16;4). Dios es un maestro riguroso. No abandona al alumno, lo pone a prueba. Le da aquello que pide para que descubra su propia insensatez. Pero no se aleja. 

Incluso cuando somos inconstantes en dar a Dios la gloria que merece, él no deja de ser. Su persona no se disminuye, no se esconde, no se amedrenta. Está presente, oyendo, observando, actuando y poniéndonos a prueba. Esto es una buena noticia: hoy tenemos otra oportunidad. Incluso si venimos de un fracaso, Dios tiene un nuevo desafío para nosotros, hasta que aprendamos a reconocerlo en todos nuestros caminos y lo glorifiquemos con nuestra vida.

Usamos cookies para una mejor experiencia de usuario.