Salmos 19:1 Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Por: Dayse Villegas Zambrano
En el salmo 19, David ilustra una red de comunicación celestial, en la que el mensaje es la gloria de Dios. Los cielos dan cuenta de lo que ven y enumeran todo lo que ha sido creado en ellos. Los días dialogan uno con otro. Una noche instruye a la otra. La historia se va hilando como un armonioso relato en el que el tema central sigue siendo la gloria de Dios.
Nosotros no lo oímos ni lo entendemos porque no hablan en palabras humanas, pero este discurso recorre toda la tierra. La creación, al estar sujeta a la historia de la humanidad, sufre las consecuencias de la caída (Génesis 3:17). Y también clama a Dios pidiendo liberación (Romanos 8:22). Y guarda grandes esperanzas del día en que será renovada (Apocalipsis 21:21).
El sol, esa antigua estrella que hace un incesante recorrido por el espacio sin errar el camino, se alegra de la labor que le ha sido asignada. ¿Qué función cumplimos nosotros que sí manejamos el lenguaje? ¿Qué red de comunicación hemos construido para compartir la palabra de Dios y contar todo lo que él ha hecho? ¿Con quiénes estamos hablando de su gloria? ¿Usamos nuestros días para construir un relato firme y constante o vamos dando tumbos espirituales? ¿Destinamos horas en la noche para meditar y declarar sabiduría?
Nosotros que tenemos el privilegio de usar la palabra hablada, escrita, cantada, ilustrada, representada y de muchas otras formas necesitamos hacer nuestra parte y contar de día y de noche la historia de la gloria de Dios y la obra de sus manos.
Nosotros, que hemos recibido la responsabilidad de recorrer hasta lo último de la tierra, debemos hacerlo con la misma actitud que el sol, con alegría, sin equivocar el camino, sin aburrirnos, con fuerza, con luminosidad, con fiel constancia.