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Salmos 24:7-10 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas,Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria?Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla. Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, Él es el Rey de la gloria.

Por: Dayse Villegas Zambrano

El templo, el lugar santo, abría sus puertas para que las personas entraran para adorar a Dios. Pero también debían abrirse para que pasara el arca del pacto, símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

Este salmo se cantaba de manera alternada, los sacerdotes hacían las preguntas: ¿Quién es este Rey de gloria? Y los adoradores contestaban: Jehová de los ejércitos, él es el Rey de la gloria. Nuevamente es un diálogo, aquí sí con palabras humanas, entre personas que cantan de la gloria de Dios. 

La adoración, en uno de sus aspectos, es una conversación entre Dios y el ser humano. Es una respuesta del creyente al descubrimiento de quien Dios es y lo que Dios ha hecho. Pero la adoración también es comunicación entre los adoradores. Al orar, leer juntos y cantar, los creyentes nos afirmamos unos a otros, nos edificamos, nos animamos a la fe. 

Para que el pueblo no olvide, el sacerdote pregunta: ¿Quién es el Rey de gloria? Para que el sacerdote tampoco olvide, el pueblo le contesta. Nuestro pensamiento puede ser muy frágil, disperso, olvidadizo; pero la adoración nos mantiene anclados, nos recuerda quién es Dios y quiénes somos nosotros en él. Dejar de congregarnos es dejar de adorar de manera conjunta y correr el riesgo de olvidar.  

Por supuesto que hemos de adorar en nuestros tiempos a solas. Cuando lo hacemos, descubrimos que uno de los efectos es el deseo de compartir lo que hemos experimentado y de complementar con una adoración compartida en la cual nos recordaremos unos a otros todo lo que hemos conocido de Dios. 

Mantengámonos firmes y constantes en adorar juntos. Hay poder en la unidad. Cuando el pueblo de Dios está unido, así sean dos o tres, la promesa es que el Señor Jesús estará ahí en medio de ellos (Mateo 18:20). La fortaleza no está en nuestros números, sino en la presencia de Dios donde quiera que un grupo de adoradores se reúnan y, conociendo la respuesta, pregunten: ¿Quién es el rey de gloria?.

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