Estamos Ubicados en:
Ximena 421 y Padre Solano,
info@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216
Berajot
berajot@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216

Romanos 8:28 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.

Por: Daniel Mora Jiménez

Uno de los problemas que enfrentamos en cuanto al cumplimiento del propósito de Dios son los pensamientos de duda y temor ante el surgimiento de situaciones que podrán ser consideradas como de mal para nosotros, sin embargo, todo hijo de Dios debe tener un gran conocimiento y entendimiento, no en el sentido intelectual sino experimental de la grandeza de Dios, de su eternidad, de su omnisciencia, de su inmensa sabiduría y con ellos confiar que aún en los momentos difíciles de nuestra vida Dios tiene un propósito. 

Como observamos en el texto inicial, considerando una variante textual, el apóstol Pablo expone que “sabemos que Dios hace que todas las cosas obren para bien”, es así como Dios orquesta todos los acontecimientos de la vida, lo cual incluye el sufrimiento, la tentación y el pecado, con miras a nuestro beneficio, tanto temporal como eterno. Es así como el libro de romanos nos ofrece una de las declaraciones más consoladoras de toda la Escritura. Esto no significa que todo lo que vivimos sea bueno en sí mismo, sino que nada escapa al control soberano del Señor. Aun las pruebas, pérdidas o incertidumbres forman parte del tejido que Dios está entrelazando para cumplir su plan perfecto. El creyente no camina al azar; camina guiado por un Dios que obra con intención y propósito eterno. No debemos olvidar que los planes de Dios para con nosotros son de bien, por ende, cada situación de nuestra vida nos llevará a una mayor madurez, una fe sólida y confianza inamovible en las promesas de Dios. 

El versículo añade que esta promesa es para “los que son llamados conforme a su propósito”. Nuestra vida en Cristo no es producto de la casualidad, sino de una decisión divina tomada desde antes de la fundación del mundo. Dios nos llamó, nos apartó y nos salvó con un propósito específico: reflejar su gloria y ser transformados a la imagen de su Hijo. Comprender esto cambia nuestra perspectiva; ya no vemos los acontecimientos como simples accidentes, sino como instrumentos en las manos del Dios que nos conduce hacia su meta, medios por los cuales Dios nos está moldeando a fin de que seamos hijos que viven firmes y constantes esperando su venida. 

Por ello, descansar en el propósito de Dios nos da paz en medio de cualquier circunstancia. Cuando no entendemos el camino, podemos confiar en el carácter del que lo dirige. Cada paso, cada etapa y cada proceso tienen sentido en su plan. Vivamos entonces con la certeza de que nuestra historia está en manos del Autor perfecto, y que al final podremos mirar atrás y reconocer que, verdaderamente, todas las cosas cooperaron para bien.

Usamos cookies para una mejor experiencia de usuario.