1 Pedro 4:7 “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”.
Por: Ericka Herrera de Avendaño
La cercanía del fin no debe producir pánico en la Iglesia, sino una urgencia santa que se traduce en sobriedad. Pedro nos enseña que el conocimiento de los tiempos finales debe despejar nuestra mente de toda trivialidad. Ser sobrios ante la inminencia del regreso de Cristo, significa priorizar lo eterno sobre lo temporal.
No podemos estar “embriagados” con las modas de este mundo, si entendemos que todo lo que vemos es pasajero. La vigilancia aquí se conecta directamente con la vida de oración; velar en oración es mantener el canal de comunicación abierto para recibir instrucciones directas del Cielo. Una Iglesia que no ora es una Iglesia que camina a ciegas, en los momentos más críticos de la historia. La sobriedad nos da el equilibrio necesario para no caer en fanatismos vacíos, sino en una devoción profunda y racional. Velar implica estar atentos a las señales, pero con un corazón descansado en la soberanía de Dios.
Hoy te invito a que examines tus prioridades: ¿vives como alguien que sabe que el Rey está a las puertas? Esa espera, depende de cuánto tiempo pases en la presencia del Señor, afinando tu oído espiritual. La oración vigilante nos prepara para no ser sorprendidos como ladrón en la noche. Que tu sobriedad sea el filtro que te permita discernir entre lo urgente y lo importante. Al velar en oración, recibes la fortaleza para permanecer constante frente a las distracciones de este siglo. Iglesia, mantente alerta, mantén tu mente clara y que tu vida de oración sea el termómetro de tu salud espiritual, sabiendo que nuestra redención está cada día más cerca.