Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.
Por: Ericka Herrera de Avendaño
Nuestra identidad como hijos de Dios se evidencia a través del fruto que producimos. Entre estas virtudes, la templanza (dominio propio) actúa como el regulador de todas las demás. Pablo nos enseña que esta cualidad no es un esfuerzo de la carne, sino un resultado directo de nuestra comunión con el Espíritu.
Mantener la serenidad y el equilibrio ante las provocaciones del mundo es lo que nos permite estar firmes. Estas fuerzas espirituales forman la defensa necesaria para no reaccionar impulsivamente. El amor y la paz guardan nuestras convicciones, mientras que la paciencia resguarda nuestra mente de la desesperación.
Estar alertas sobre el estado de nuestro fruto es vital para la salud de la Iglesia. La constancia se mantiene cuando permitimos que el Espíritu Santo siga moldeando nuestro carácter día tras día.
Al actuar con este gobierno interno, comprendemos que nuestra victoria es espiritual. Hoy, revisa qué tipo de fruto estás manifestando en tu hogar y en tu congregación. ¿Es tu fe fortalecida por el gozo y la mansedumbre? Al mantener estas virtudes activas, aseguras que nada te mueva de tu posición en Cristo. Mantente centrado en el Espíritu, mantente protegido por Su gracia y permite que la nitidez de tu carácter disipe cualquier sombra de conflicto. Tu firmeza es el resultado de una vida rendida que manifiesta el carácter de Jesús en todo tiempo.