Salmo 133:1 “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
David pinta un cuadro impresionante de la morada en unidad. El aceite de la unción que corre por la barba del sumo sacerdote y sobre su manto representa la presencia de Dios entre Su pueblo. Cada año, en el día de la expiación, Aarón entraba en el Lugar Santísimo del tabernáculo para ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, restaurando así la comunión con Dios. Los cristianos de hoy entran en relación con Dios a través del sacrificio expiatorio de nuestro sumo sacerdote, Jesucristo.
El rocío de Hermón cayendo sobre el monte de Sión simboliza la provisión divina de Dios. Ambas ilustraciones representan abundantes bendiciones espirituales que se derraman desde arriba, de la cabeza hacia abajo, de Dios a Sus líderes espirituales y luego se extienden para cubrir a todo el cuerpo de creyentes. La santa presencia del Señor crea una atmósfera en la que la unidad puede florecer, aportando refrigerio y alimento al pueblo de Dios. Donde haya unidad, abundarán las bendiciones de Dios.
La unidad es una expresión del carácter de Dios. Se refleja en las tres Personas de la Trinidad: Padre Hijo y Espíritu Santo (Juan 17:11). La unidad es también un propósito de Dios. La armonía entre el pueblo de Dios es buena y agradable al Señor. Vivir juntos en armonía significa comprender que cada creyente es hijo de Dios. Él es nuestro Padre celestial, y todos somos hermanos y hermanas, creados para ser Sus hijos. Todos le pertenecemos y somos miembros de la familia de Dios. Compartimos una unión común a través de Jesucristo. Asimismo, reconocemos que, como creyentes y miembros del cuerpo de Cristo, todos nos pertenecemos mutuamente.
Dios quiere que Su pueblo disfrute de la rica bendición de vivir juntos en armonía. Nos llama a ayudarnos y apoyarnos unos a otros, a adorar y confraternizar juntos, a orar unos por otros y a edificarnos mutuamente en la fe. Tal unidad entre el pueblo de Dios desprende un aroma agradable que atrae a los incrédulos, pero el hedor de la división destruye nuestro testimonio en el mundo y aleja a los incrédulos. Iglesia que podamos estar firmes y constantes unidos en el Señor, Amén.