Filipenses 2:1-2 “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
El Apóstol Pablo quiere que la iglesia de Filipos experimente la alegría que él tiene en Jesús. Pero la división en la iglesia está amenazando esa alegría. Los conflictos han generado división y caos en Filipos. Muchos se consideran a sí mismos más importantes que otros, y buscan sus propios intereses ante todo. Las luchas internas, los chismes y las calumnias ahora son comunes.
Pablo advierte, que si estos conflictos continúan, cambiarán a Jesús por discordia, amargura y angustia. Para combatir esta división, Pablo los alienta a estar unidos en su búsqueda de llegar a ser como Jesús. Él los llama a estar tan enfocados en Jesús que tengan una sola mente, un solo corazón y una sola devoción hacia Él. Jesús es el ejemplo perfecto de cómo relacionarse unos con otros.
Pablo comienza resaltando la unidad en Cristo como fundamento de la vida cristiana. Nos llama a experimentar el consuelo, el amor y la comunión del Espíritu, lo cual solo es posible si vivimos en humildad y unidad. Cuando dejamos a un lado el orgullo y los intereses personales, podemos vivir en armonía con nuestros hermanos en la fe.En la vida diaria, esta enseñanza nos reta a buscar la unidad en nuestras relaciones. ¿Estamos promoviendo la paz en nuestras iglesias y familias, o estamos permitiendo que el orgullo y la autosuficiencia nos dividan?. La unidad en la iglesia es esencial, y se logra a través del amor y la humildad. Al mirar a Jesús, recordamos que el camino del servicio y la humildad es el que realmente nos acerca a Dios y nos permite reflejar su gloria en el mundo, amén.