Colosenses 3:13 “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
Qué cosa tan hermosa es encontrar perdón en un corazón cristiano. En las Escrituras se nos dice que si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta (Mateo 18:15b NVI). Hemos de decir cómo nos sentimos, pero después de hacer eso, perdonarlo. Desecharlo. No se permita a sí mismo pensar más en ello.
Por tanto, es útil recordar que el perdón significa al menos tres cosas: Primera, significa que no hemos de echar en cara las cosas que perdonamos a la persona a quien hemos perdonado. Hemos de tratarla como si no hubiera ocurrido. No tenemos que acosarle constantemente con recordatorios de las cosas malas que hizo en el pasado.
La segunda cosa que significa el perdón es que no le contamos a nadie más el asunto que se perdona. No chismorreamos sobre él. No es que realmente lo borremos de la memoria; puede que pensemos en eso de vez en cuando, pero no nos detenemos en ello. No hemos de permitir que se apodere de nuestra mente, para despertar sentimientos de rencor e injusticia y revivirlo todo otra vez.
Lo tercero que significa el perdón es que ¡usted no se recuerda a sí mismo aquello que perdonó! Ni siquiera en sus pensamientos íntimos permita que la ofensa surja e influya en su actitud hacia la persona que ha perdonado. Si aparece, debe desecharla y recordarse a sí mismo que usted también necesita ser perdonado y no quisiera que la gente le de vueltas a sus pecados y los desentierre todo el tiempo.
El Antiguo Testamento nos dice que cuando vengamos a Él, sepultará nuestras iniquidades y echará a lo profundo del mar todos nuestros pecados (Miqueas 7:19b). Nuestro modelo, por supuesto, es la forma en que nos trata Cristo. Eso es lo que Él hizo cuando vinimos a Él. Perdonó los pensamientos desagradables, las actitudes blasfemas, los pecados dañinos y lamentables que hemos cometido.
Dedique algún tiempo a recordar el perdón que el Señor le ha concedido, y luego acérquese con su perdón a aquellos que lo necesitan de usted. Gracias, Señor Jesús, por perdonarme y arrojar mis pecados tan lejos como está el este del oeste. Ayúdame a perdonar como yo he sido perdonado, en el nombre de Jesús.