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Tito 2:1 “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

En un mundo donde las opiniones abundan y las ideas cambian constantemente, la sana doctrina se presenta como un ancla firme para el alma. El apóstol Pablo instruye a Tito a hablar lo que está de acuerdo con la sana doctrina, estableciendo así un principio esencial, no todo lo que se enseña edifica, y no todo lo que emociona transforma.

La doctrina no es simplemente un conjunto de conceptos teológicos; es la base sobre la cual se construye una vida sólida en el Eterno. Es el fundamento invisible que sostiene nuestras decisiones, nuestras convicciones y nuestra manera de vivir. Cuando este fundamento es débil o inexistente, la vida espiritual se vuelve inestable, vulnerable a cualquier circunstancia o influencia externa.

Muchos buscan experiencias espirituales profundas, pero descuidan el conocimiento de la bendita Palabra de Dios. Sin embargo, sin doctrina, la experiencia se vuelve subjetiva y peligrosa. La emoción puede inspirar momentáneamente, pero solo la verdad sostiene a largo plazo. Una fe basada únicamente en sentimientos es como una casa construida sobre arena, puede parecer firme por un tiempo, pero ante la primera tormenta, inevitablemente caerá.

La sana doctrina no solo informa, forma. Moldea el carácter, corrige el rumbo y establece límites saludables. Nos enseña quién es el Eterno, quiénes somos nosotros y cómo debemos vivir. Nos libra del error y nos guía hacia la Verdad.

Por eso, la iglesia como tal no puede permitirse el lujo de minimizar la enseñanza bíblica. No es opcional, es esencial. Cada cristiano está llamado a crecer en el conocimiento de la Verdad, no como un ejercicio intelectual, sino como una necesidad espiritual.

Cuando la doctrina es correcta, la vida encuentra dirección. Cuando la Verdad ocupa su lugar, las decisiones se alinean con la voluntad del Eterno. Y cuando el fundamento es firme, ninguna tormenta podrá derribar lo que ha sido edificado sobre la roca. Shalom.

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