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Juan 8:32 “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

Jesús declaró una verdad profundamente poderosa, “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Estas palabras revelan que la verdadera libertad no se encuentra en hacer todo lo que el hombre desea, sino en vivir conforme a la verdad de Dios. El mundo suele presentar libertad como ausencia de límites, pero la libertad bíblica es liberación del pecado, del engaño y de la esclavitud espiritual.

Muchos creen que la verdad limita, cuando en realidad protege. La mentira promete satisfacción inmediata, pero finalmente conduce al vacío y a la destrucción. En cambio, la verdad de Dios, aunque muchas veces confronta al corazón, produce vida, dirección y restauración.

Nuestro Señor Jesús no hablaba de un conocimiento superficial o intelectual. El verbo “conocer” implica una experiencia profunda, continua y transformadora. No basta escuchar la verdad ocasionalmente, es necesario permanecer en ella hasta que transforme la mente y el corazón.

El pecado tiene la capacidad de esclavizar silenciosamente. Comienza con pequeñas concesiones, pensamientos tolerados o decisiones aparentemente insignificantes. Pero poco a poco ata el corazón, debilita la sensibilidad espiritual y roba la paz interior. Sin embargo, cuando la verdad de Cristo entra en la vida, rompe cadenas que el hombre no puede romper por sí mismo.

La sana doctrina tiene precisamente esa función, conducir al creyente a la verdad que libera. No es un conjunto de reglas religiosas, sino la revelación del carácter y la voluntad del Eterno. Y mientras más profundamente conoce el creyente a Cristo, más libre se vuelve de aquello que antes dominaba su vida.

Es importante comprender que, la libertad espiritual no significa ausencia de lucha. Incluso los cristianos enfrentan batallas internas y externas. Pero existe una diferencia entre luchar siendo esclavo y luchar siendo libre en Cristo. El que ha sido alcanzado por la verdad ya no vive bajo condenación, sino bajo la gracia transformadora del Eterno y Soberano Dios.

Hoy muchas voces intentan redefinir la verdad según emociones o preferencias personales. Pero la verdad no cambia porque proviene del Dios Eterno y Verdadero. Y solamente esa verdad tiene poder para sostener al hombre en medio de un mundo lleno de confusión. Cristo sigue siendo la Verdad absoluta. Y quien permanece en Él encuentra la libertad que el mundo jamás podrá ofrecer. Shalom.

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