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Efesios 4:5 “Un Señor, una fe, un bautismo”.

Por: Pst. David Agustín Pérez Vera 

El apóstol Pablo manifiesta que hay “un Señor, una fe y un bautismo”. Estas palabras revelan que la verdadera unidad de la iglesia no nace simplemente de afinidades humanas, emociones compartidas o actividades en común. La unidad genuina se sostiene sobre la verdad de Dios.

En tiempos donde muchas veces se busca una unidad superficial basada solamente en tolerancia o conveniencia, la Escritura recuerda que la iglesia fue llamada a permanecer unida en la fe verdadera. La sana doctrina no divide al cuerpo de Cristo, lo fortalece y lo mantiene alineado con la voluntad de Dios.

Amados hermanos y amigos, sin verdad, la unidad se convierte en fragilidad. Puede aparentar estabilidad por un tiempo, pero tarde o temprano las diferencias, los intereses personales o las falsas enseñanzas producen división. Por eso la doctrina correcta es tan importante, porque establece un fundamento sólido sobre el cual la iglesia puede caminar en armonía espiritual. La unidad bíblica no significa uniformidad absoluta en todo aspecto humano. Cada cristiano tiene personalidad, procesos y funciones diferentes dentro del cuerpo de Cristo. Pero todos son llamados a permanecer bajo la misma verdad revelada por Dios.

El enemigo sabe que una iglesia dividida pierde fuerza espiritual. Por eso constantemente intenta introducir confusión, orgullo, competencia y doctrinas distorsionadas. Cuando la verdad se debilita, también se debilita la comunión. Sin embargo, cuando Cristo ocupa el centro y la Palabra guía el corazón de los cristianos, la unidad se fortalece naturalmente. Porque la verdadera comunión nace de compartir la misma fe, el mismo propósito y el mismo amor por el Eterno.

También es importante comprender que mantener la unidad requiere humildad. Muchas divisiones nacen no por falta de conocimiento bíblico, sino por corazones orgullosos que desean imponerse sobre otros. La sana doctrina no debe producir arrogancia espiritual, sino un espíritu humilde y dispuesto a servir.

Hoy la iglesia necesita volver a la unidad basada en la verdad. No una unidad construida sobre emociones pasajeras, sino sobre la roca firme de la Palabra de Dios. Y cuando la iglesia permanece unida en Cristo, se convierte en un testimonio poderoso en medio de un mundo fragmentado y confundido. Shalom.

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