Romanos 10:17 “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.
Por: Pst. David Agustín Pérez Vera
Amados hermanos y amigos el apóstol Pablo enseña que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Esto revela que la fe verdadera no nace de emociones humanas ni de pensamientos positivos, sino de la exposición constante a la verdad divina.
La Palabra de Dios tiene poder para producir vida espiritual en el corazón. Cada vez que el cristiano escucha, medita y recibe la verdad con humildad, algo comienza a fortalecerse dentro de él. La fe crece cuando el alma se alimenta correctamente.
Uno de los mayores peligros espirituales es intentar sostener la fe sin alimento espiritual. Así como el cuerpo necesita alimento constante para mantenerse fuerte, el espíritu necesita la Palabra para permanecer firme. Un cristiano desconectado de la verdad inevitablemente comenzará a debilitarse.
La voz del Eterno tiene la capacidad de traer claridad en medio de la confusión, esperanza en medio de la dificultad y fortaleza en medio de la prueba. Por eso el enemigo intenta llenar la mente del hombre con ruido, distracciones y voces contrarias a la verdad.
Aquello que el cristiano escucha continuamente influye profundamente en su vida espiritual. Las palabras tienen poder para edificar o debilitar. Por eso resulta tan importante cuidar qué voces ocupan el corazón y la mente. La sana doctrina alimenta una fe saludable. No una fe superficial basada únicamente en emociones pasajeras, sino una convicción profunda sostenida por las promesas eternas de Dios.
También es importante comprender que escuchar la Palabra implica más que oír físicamente. Significa recibirla con disposición, permitir que confronte el corazón y obedecer aquello que el Eterno habla. Muchas veces la fe disminuye no porque Dios haya dejado de obrar, sino porque el cristiano ha dejado de exponerse constantemente a Su verdad. Pero cuando el corazón vuelve a la Palabra, la fe comienza a renovarse nuevamente.
Hoy más que nunca la iglesia necesita volver a escuchar la voz del Eterno por encima de las voces del mundo. Porque solamente Su Palabra tiene poder para sostener al cristiano hasta el final. Y quien permanece alimentándose de la verdad desarrolla una fe firme, madura y perseverante. Shalom.