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Hechos 2:42 “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.

Por: Marianella Layana de Jácome 

Cuando una persona sufre una fractura en sus huesos, el proceso de recuperación no ocurre de un día para otro. Los médicos explican que el hueso comienza a sanar poco a poco. Durante semanas e incluso meses, el cuerpo trabaja silenciosamente reconstruyendo lo que fue dañado. En muchos casos, el paciente debe seguir el tratamiento, hacer terapia y tener paciencia, aun cuando no vea resultados inmediatos. Si abandona el proceso antes de tiempo, la recuperación puede verse afectada. Pero si persevera, llegará el día en que volverá a caminar, correr y realizar actividades que parecían imposibles.

La vida espiritual también requiere perseverancia. Muchas personas comienzan su caminar con Dios llenas de entusiasmo, pero cuando llegan las pruebas, las dificultades o las decepciones, sienten deseos de rendirse. Sin embargo, el crecimiento espiritual no ocurre de la noche a la mañana. Dios trabaja en nosotros día tras día, aun cuando no siempre podamos ver lo que está haciendo.

La iglesia primitiva entendió esta verdad. No abandonaron la oración cuando llegaron las persecuciones. No dejaron de congregarse cuando enfrentaron oposición. No dejaron de servir cuando las circunstancias se volvieron difíciles. Permanecieron firmes porque sabían que Dios estaba obrando en medio de cada prueba.

La perseverancia es una evidencia de madurez espiritual. No significa que nunca nos cansemos o que nunca enfrentemos momentos de desánimo. Significa que, aun en medio de las luchas, seguimos confiando en Dios y avanzando un paso más. Los creyentes maduros no son aquellos que nunca enfrentan dificultades, sino aquellos que deciden permanecer fieles cuando las dificultades llegan.

Quizás hoy sientas que el proceso es lento o que los resultados no son visibles. Pero recuerda que, así como un hueso sana poco a poco, Dios también está obrando en tu vida, aunque no puedas verlo completamente. No te rindas. Cada oración, cada acto de obediencia y cada paso de fe forman parte de la obra que Él está realizando en ti.

Dios honra a quienes permanecen firmes. La perseverancia fortalece la fe, moldea el carácter y nos acerca cada vez más al propósito que Él tiene para nuestras vidas.

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