Efesios 6:11 “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”.
Por: Marianella Layana de Jácome
Así como una persona se preocupa por ponerse ropa adecuada para una ocasión importante, también debemos preocuparnos por vestirnos cada día con la armadura de Dios. Nadie sale voluntariamente a una entrevista, una boda o una reunión importante con ropa descuidada. De la misma manera, un creyente maduro entiende que no puede enfrentar la vida espiritual sin estar preparado.
La madurez espiritual no consiste solamente en conocer más versículos o asistir a más reuniones. Consiste en aprender a depender de Dios cada día y usar lo que Él nos ha dado para permanecer firmes. La armadura de Dios representa verdades espirituales que protegen nuestra mente, corazón y conducta. Cuando descuidamos esta armadura, quedamos expuestos al desánimo, la tentación y el engaño.
Muchas veces dedicamos bastante tiempo para escoger nuestra ropa, cuidar nuestra apariencia o prepararnos para nuestras responsabilidades diarias. Eso no está mal. Sin embargo, Dios nos recuerda que hay algo aún más importante: prepararnos espiritualmente. Antes de salir de casa, deberíamos preguntarnos: ¿Estoy revestido de la verdad? ¿Estoy caminando en obediencia? ¿Estoy confiando en Dios? ¿Estoy alimentando mi fe?.
Un creyente maduro entiende que la batalla espiritual es real y que la victoria no depende de sus propias fuerzas, sino de permanecer vestido con lo que Dios provee. Así como procuras vestirte de la mejor manera para enfrentar tu día, dedica tiempo cada mañana a revestirte de la armadura de Dios mediante la oración, la lectura de su Palabra y la confianza en sus promesas. La apariencia exterior puede impresionar a las personas, pero la armadura espiritual te ayudará a permanecer firme delante de Dios.