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Romanos 15:13 “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”.

Por: Marianella Layana de Jácome.

El creyente maduro aprende una verdad fundamental: Dios no siempre responde cambiando las circunstancias de inmediato, pero siempre permanece presente sosteniendo a sus hijos en medio de ellas. Muchas veces pensamos que la fidelidad de Dios se demuestra cuando nos libra rápidamente de la dificultad, pero la Escritura nos muestra que también se revela cuando nos fortalece para permanecer firmes mientras atravesamos la prueba.

Dios no es un espectador distante del sufrimiento humano. El Pastor de mi congregación durante un estudio bíblico dijo: “Que Dios no nos espera del otro lado del río, sino que Él lo cruza junto a nosotros”.  Esto es una gran verdad que llena nuestra vida de esperanza, Él camina con nosotros en medio del dolor, sostiene nuestra fe cuando nuestras fuerzas se debilitan y obra en nuestro interior. La prueba no siempre es una señal de abandono; muchas veces es el escenario donde Dios forma nuestro carácter, nos enseña a depender más de Él y a confiar más en su gracia.

Varios personajes de la Biblia tuvieron que pasar por el rechazo, la injusticia, persecución antes de ver el propósito de Dios cumplirse. La esperanza cristiana no está basada en la idea de que todo saldrá siempre como queremos, sino en la seguridad de que Dios tiene el control y que sus propósitos son eternos. Nuestra esperanza descansa en la naturaleza de Dios: Él es bueno, fiel, soberano y permanece igual ayer, hoy y siempre.

La verdadera madurez espiritual se manifiesta cuando aprendemos a decir: “Sigo confiando en Dios, su gracia es suficiente para sostenerme.”

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