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1 Corintios 16:13 “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El apóstol Pablo concluye su primera epístola a los Corintios con un mandato imperativo. La palabra “Velad” proviene del término griego “gregoreo”, que significa mantenerse despierto, estar vigilante y estar en un estado constante de alerta. Una iglesia que duerme se convierte en un blanco fácil. La vigilancia constante es el primer escudo defensivo de la congregación frente a los sutiles ataques del enemigo que busca adormecer las conciencias de los creyentes.

El mandato de portarse “varonilmente” hace referencia a actuar con madurez espiritual, valentía y carácter cristiano, dejando atrás toda actitud infantil e inconstante en el caminar de la fe. 

¿Reaccionamos con madurez ante las herejías de nuestro tiempo, o nos dejamos arrastrar como niños fluctuantes por cualquier viento de doctrina? 

La firmeza demanda que la iglesia madure como un verdadero cuerpo en el conocimiento de Dios. La debilidad espiritual a menudo se produce por descuidar las disciplinas fundamentales de la oración, el ayuno y la lectura de la Biblia. Esforzarse significa de manera voluntaria someterse a la disciplina espiritual y a la guía del Espíritu Santo para poder resistir las tentaciones cotidianas y defender la sana doctrina con denuedo. La firmeza de la iglesia es el reflejo de la firmeza y constancia de cada uno de los miembros del cuerpo comprometidos con vivir como Cristo.

Las batallas de la iglesia no se libran contra personas de carne y hueso, sino contra las potestades espirituales que operan en las tinieblas de este siglo. Por lo tanto, debemos estar unidos hombro con hombro, protegiendo las espaldas de nuestros hermanos en la fe y animando a aquellos que flaquean en su fe.

Amada iglesia, debemos despertar de toda pasividad espiritual, Fuimos llamados a ser soldados y a pelear una batalla por nuestra fe. Mantengámonos firmes actuando con la valentía de quienes saben que su Redentor vive y reina por los siglos. Que el mundo no nos intimide, ni nos desvíe del camino de la verdad. Confiemos plenamente en quien nos llamó, quien es el que nos capacita para manteneros firmes caminando hacia la meta donde nos espera la Corona de Gloria, Amén.

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