2 Timoteo 1:13 “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.”
Por: José Antonio Villegas Zambrano
El apóstol Pablo, consciente de la cercanía de su partida, escribe a Timoteo con el fin de asegurar el relevo generacional en la custodia del Evangelio. La expresión “Forma” se traduce del término griego “hupotuposis”, que hace referencia a un bosquejo, un patrón, un molde o un plano que debe ser seguido al pie de la letra sin ninguna alteración. Este mandato resuena más que nunca hoy en la iglesia contemporánea. Retener la forma de las sanas palabras significa que no estamos autorizados para rediseñar o modificar el mensaje bíblico ni para decorar la verdad con el objetivo de volverlos aceptables a las preferencias de una sociedad que desea sentirse cómoda y no ser confrontada.
Las “sanas palabras” de las Sagradas Escrituras poseen un molde único perfectamente diseñado para ser alimento y medicina para el alma humana, en contraste con las filosofías que intoxican el pensamiento del hombre. El peligro de distorsionar el molde original de la Palabra De Dios muchas veces es poco perceptible introduciéndose con decoraciones sutiles que buscan suavizar o adaptar el mensaje para la aceptación pública.
¿Nos estamos asegurando de evaluar cada enseñanza que recibimos a la luz de la Sana Doctrina original, o permitimos que las tendencias moldeen nuestra firmeza doctrinal? La fidelidad a la verdad demanda un estudio riguroso del texto sagrado y la constancia se manifiesta cuando la iglesia es capaz de sostener el diseño de Dios con una convicción inquebrantable, pero con un trato abundante y lleno de gracia y misericordia hacia las almas heridas y enfermas por el pecado.
Una defensa de la verdad y de las Sanas Palabras si carece de fe se convierte en solo un ejercicio intelectual, y se vuelve destructivo si está desprovisto de amor. Esta retención activa de la doctrina exige que los líderes desde los hogares hasta las congregaciones asuman con seriedad la tarea de la educación bíblica. No podemos delegar la formación espiritual de las nuevas generaciones a otros. Cada hogar cristiano debe levantarse como un taller familiar donde se utilice el molde de las Escrituras para estructurar el carácter, la ética y las decisiones de los hijos. La constancia en la verdad se consolida cuando la iglesia invierte tiempo, recursos y oración en cimentar las bases doctrinales de cada uno de sus miembros.
Amada iglesia, el llamado de este día es a permanecer firmes como guardianes del diseño divino de las Sagradas Escrituras que nos han sido encomendadas. Recordad que la firmeza de la iglesia depende de nuestra obediencia estricta a la Palabra de Dios, la cual permanece para siempre como un faro que alumbra nuestro caminar diario. Amén.