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Hebreos 12:28 “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El autor de la epístola a los hebreos nos presenta un contraste hermoso entre las estructuras de este mundo, las cuales serán removidas por el juicio divino, y la naturaleza eterna e inconmovible del Reino de Dios. La palabra “Reverencia” se traduce del término griego “aidos”, que describe un respeto lleno de temor reverente, santo y de honor ante la presencia de la Majestad divina.

La adoración contemporánea corre el riesgo constante de ser sustituida por espectáculos de entretenimiento musical y técnicas de manipulación emocional orientadas a complacer los gustos del asistente. Cuando una congregación olvida que Dios es el único motivo de nuestra adoración y el único merecedor de recibirla.

¿Refleja nuestra adoración una verdadera reverencia por la santidad y la soberanía de Dios, y que proclama lo que él es y lo que solo él puede hacer, o hemos transformado el templo en una sala de conciertos?. La firmeza doctrinal, se manifiesta de manera directa en la pureza de las canciones que entonamos, asegurando que cada línea teológica sea un fiel reflejo de la sana doctrina bíblica, edificando la fe de los santos.

La verdadera adoración no inicia ni culmina durante el tiempo de las alabanzas, sino que debe armonizar y entonar con un estilo de vida digno de verdaderos discípulos de Cristo, lo que proclamamos con lo que vivimos. Cuando la comunidad de fe adora a Dios en la hermosura de su santidad, el mundo no lo puede entender ni las fuerzas del mal lo pueden ni resistir. Los muros caen, las cadenas se rompen y la victoria es nuestra. Porque el habita y se mueve en medio de la alabanza de su pueblo.

Amada iglesia de Cristo, recordemos cada día que por su amor vivimos, pero él siempre será fuego consumidor por lo tanto con profundo temor reverente levantemos primeramente el altar de la adoración pura de nuestras vidas y el de nuestras congregaciones. Mantengámonos firmes y unánimes en esta verdad, adorando a Dios con nuestro testimonio, Amén.

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