Malaquías 3:14 “Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su Ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los Ejércitos?”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
En tiempos de Malaquías, había en Israel personas que consideraban vano servir a Dios. Criticaban duramente al Señor porque no veían ningún beneficio en servirle. El Señor les dijo: Vuestras palabras han sido violentas contra mí. Consideremos esta advertencia: eran hipócritas que «imaginaban que la piedad era un medio de ganancia» (1 Timoteo 6:5). Querían beneficios inmediatos y tenían una actitud egoísta. Pensaban que servir a Dios les traería salud y riqueza inmediatas. Eran hipócritas porque servían a Dios por lucro.
Vieron la prosperidad de los malvados y se amargaron y frustraron con Dios, criticándolo por haber hecho un trato injusto con ellos. Pensaban que los arrogantes eran bendecidos de alguna manera. Concluyeron (erróneamente) que «los malhechores no solo prosperan, sino que ponen a prueba a Dios y escapan». En su afán por obtener beneficios inmediatos, olvidaron considerar las recompensas eternas. En lugar de pensar que los malvados escaparían del juicio, olvidaron que Dios ha dicho que los malvados «son como la paja que el viento se lleva. Por lo tanto, los malvados no prevalecerán en el juicio» (Salmo 1:5).
¿Cuál es tu motivación para servir al Señor? ¿Te has convencido de que servir a Dios te permitirá vivir una vida cómoda y sin preocupaciones? ¿Ves a Dios como un genio de la lámpara, listo para conceder todos los deseos de tu corazón? ¿Aprueba Dios todo lo que haces, sin cuestionarte ni dudar de ti? ¿Tienes expectativas egoístas? La devoción egoísta es una de las razones por las que muchas personas abandonan rápidamente el cristianismo y la iglesia local.
Estas personas tienen expectativas egoístas de Dios y pronto se decepcionan. Muchos nunca regresan a la iglesia local pensando: «Es inútil servir a Dios… ¿qué provecho hay en ello?». ¿Has establecido tú los términos de tu fe o los ha establecido Dios? ¿Has intentado hacer tratos especiales con Dios? ¿Hay ciertas cosas que le exiges a Dios que Él nunca te ha prometido? ¿Hay áreas de tu vida en las que le has impedido a Dios intervenir? Si es así, puede que tengas una devoción egoísta y caprichosa que resulta aborrecible para Dios.
Pero si, al contrario, tu motivación es dar la gloria a Dios en cada acto de servicio en su obra, le temerás y le servirás con alegría (Salmo 100:2). Dios no contrata a empleados; Él llama, a sus hijos redimidos con la sangre de Jesús, “siervos”. Cuando los cristianos servimos al Señor, no negociamos las condiciones de nuestro servicio; nos rendimos cuerpo, alma y espíritu completamente a Él. Nunca olvidemos, que Servir a Jesús siempre vale la pena, sin importar el costo, Amén.