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Salmo 2:11 “Servid a Jehová con temor, Y alegraos con temblor”.

Por: Nelly Jácome de Pérez

La palabra “temor” se refiere a un respeto y reverencia hacia Dios. Es reconocer que Él es santo, poderoso y justo. En la Biblia, el temor de Dios se describe como el “principio de la sabiduría”. Esto significa que cuando reconocemos quién es Dios y le damos su lugar en nuestras vidas, tenemos una mejor comprensión de nuestra propia condición y dependencia de Él.

Servir a Dios con temor implica obedecer sus mandamientos y seguir su voluntad. Como cristianos, debemos tener un corazón dispuesto a hacer la obra de Dios y agradarle en todo momento. Nuestra relación con Dios debe ser el centro de nuestra vida, y todo lo que hacemos debe ser para su gloria y honor.

Cuando nos regocijamos con temblor comprendemos plenamente quién es el Dios de las Escrituras. Él es quien nos creó y nos trajo a sí mismo en cumplimiento de sus promesas del pacto. Por ello, Él alivia nuestras cargas. Pero nuestra conciencia de su amor jamás nos hace olvidar la magnitud de su perfección. Siempre nos alegramos de pertenecerle, pero también somos conscientes de que es un Dios grande y temible.

Dios es nuestro rey resplandeciente. Él ruge sobre su creación, reclamándola toda (Isaías 45). Como cristianos que tenemos comunión con Él mediante la presencia del Espíritu Santo, somos súbditos del soberano más poderoso imaginable. Por la bondad de su gracia, podemos entrar en su corte, sentarnos a su mesa y verlo sonreírnos con amor. Pero nunca olvidamos de quién es este reino; nunca perdemos de vista la majestuosidad del Rey. Siempre nos regocijamos al estar con Él; siempre temblamos ante Él, porque es santo y porque es nuestro amado Padre.  

Señor soberano, reconozco que Tú gobiernas sobre toda la tierra y sobre mi vida. Ayúdame a servirte con reverencia y a confiar plenamente en tu autoridad, hallando en Ti mi refugio y mi paz, en el nombre de Jesús, Amén.

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