Apocalipsis 3:11 “He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.”
Por: José Antonio Villegas Zambrano
El Señor Jesús dirige una advertencia urgente a la iglesia de Filadelfia, ya que, a pesar de tener pocas fuerzas humanas, eran guardianes de su Palabra ni habían negado su santo nombre. El mandato “Retén” proviene del término griego “krateo”, que evoca la acción de asirse de algo con un puño cerrado, protegiendo un objeto valioso contra cualquier intento de robo. Esta instrucción es una advertencia dirigida hacia la promesa de su inminente retorno.
Lo que la iglesia “tiene” y debe retener a toda costa es la Palabra del Eterno Dios y de quien ella da testimonio cuyo nombre es El Santo y Verdadero. En la actualidad, el peligro de perder este tesoro espiritual radica en la necesidad de diluir el mensaje del evangelio para adaptarlo a las exigencias de una sociedad que tiene comezón de oír una palabra que confronte el pecado, los llame al arrepentimiento y a abandonar un estilo de vida lejano a la norma bíblica.
¿Hemos permitido que las presiones externas diluyan el mensaje de la cruz en nuestras congregaciones locales?
La advertencia de que “ninguno tome tu corona” no sugiere una pérdida de la salvación, sino el llamado a cuidar el galardón y la recompensa que ya te corresponde “tú corona” y a lo que debemos aspirar. Este también es un llamado a despertar de la negligencia espiritual y de disfrutar del privilegio de ser instrumentos útiles en las manos de Dios. La corona representa el premio a la fidelidad y a la resistencia constante hasta el final de la carrera cristiana. La iglesia no puede permitirse el lujo de relajarse o de entrar en una zona de confort espiritual cuando el reloj profético de Dios marca los últimos tiempos. Cada día que pasa exige una mayor consagración y una firmeza redoblada.
La certeza de que el Señor Jesús está a las puertas debe purificar los pensamientos y las intenciones del corazón de la iglesia, eliminando las rivalidades internas y sumando todos los esfuerzos en la gran comisión. Cuando la iglesia vive con la mirada puesta en la eternidad, las dificultades terrenales se minimizan y la verdad resplandece. La perspectiva de la venida de Cristo no debe producir temor en la iglesia, sino un sentido de urgencia doctrinal para no negociar la verdad.
Amada iglesia, el tiempo se acorta y las señales de su venida son evidentes en todo el mundo. Que nadie nos robe el gozo de nuestro servicio ni nos desvíe del angosto camino de la verdad y de la vida. Permanezcamos firmes y constantes, esperando el regreso glorioso de nuestro gran Señor y Salvador Jesucristo, Amén.