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Josué 24:15 “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El líder Josué al final de sus días convoca a toda la nación de Israel en un momento crucial de su historia, desafiándolos a tomar una decisión definitiva de lealtad exclusiva al único Dios verdadero frente al idólatra entorno que les rodeaba. La palabra “Casa” se traduce originalmente del término hebreo “báyit”, que abarca no solamente la estructura física donde vivía, sino a todo el núcleo familiar y generacional, la descendencia y el linaje completo de una persona. Fue una declaración que permanecería más allá de su propia existencia. Este pasaje presenta un llamado para la iglesia actual: la firmeza de una congregación es el resultado directo de la solidez espiritual de los hogares cristianos.

Actualmente la institución familiar se encuentra bajo el ataque ideológico más severo y sistemático de la historia, orquestado a través de corrientes que intentan redefinir el matrimonio y desmantelar el diseño bíblico de la paternidad y la moralidad sexual. Ante estas presiones, muchos hogares cristianos han permitido que las plataformas de entretenimiento y los sistemas educativos modelen la mente y los valores de sus hijos. 

¿Hemos tomado con seriedad la tarea de erigir un altar familiar de oración y enseñanza bíblica diaria en nuestras casas? Declarar que “yo y mi casa serviremos a Jehová” exige una determinación inquebrantable. La firmeza de la iglesia local comienza cuando los padres de familia asumen su rol bíblico como los sacerdotes y guardianes de la verdad bíblica en el hogar, instruyendo a las nuevas generaciones en el temor reverente de Dios y en el conocimiento de las Escrituras.

No podemos defender la sana doctrina en los templos si descuidamos el testimonio en la privacidad de nuestras residencias durante la semana. La coherencia entre lo que proclamamos y vivimos demanda que nuestras familias sean el argumento visible más poderoso de la verdad transformadora del Evangelio de Cristo.

Amada iglesia, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo los exhorto a proteger con celo santo vuestros hogares. Que cada una de vuestras casas sea un faro de luz que glorifique siempre el santo nombre de nuestro Creador, Amén.

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