Mateo 12:25 “Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá”.
Por: Nelly Jácome de Pérez
Muchos le atribuyen a Nicolás Maquiavelo la máxima política “DIVIDE y REINARÁS” en la que sugiere que la mejor manera de obtener el poder es sembrando la intriga entre quienes gobiernan para lograr su separación, pero el texto que acabamos de leer confirma que Jesús fue el primero que lo dijo.
La estrategia que el enemigo usa para poder destruir, asolar, desestabilizar un gobierno, una empresa, una familia etc., es la división. Hoy día en la mayoría de empresas se trabaja mucho en algo que se llama trabajo en equipo, precisamente porque donde no hay unión es inminente la destrucción. Ahora, si las grandes compañías lo hacen, no creen ustedes que es necesario que también en nuestras familias y la familia de Dios debemos implementarlo.
Una familia unida es como una ciudad amurallada, es impenetrable por el enemigo, a esto hay que ponerle mucha atención porque las divisiones son como grietas que se abren por donde el enemigo penetra y causa estragos. La división causa destrucción y donde no existe unión se encuentra ausente la bendición.
¿Sera que podrá permanecer una familia donde ninguno se involucra en los desafíos? ¿Qué cree que podrá pasar con una economía donde de forma egoísta cada cual corre por sus propios intereses? Podrá permanecer en pie una familia donde todos están divididos, cada uno encerrado en sus intereses, donde no hay comunicación?. Jesús dijo que una familia dividida nunca prospera, pero una familia que trabaja unida inevitablemente prosperará.
Padre Celestial, que podamos tener una familia unida en tu amado Hijo Jesús. Tú nos enseñaste que la unidad, el amor y un mismo sentir fue importante para lograr el propósito que trazaste para salvar a la humanidad y así cumplir tu perfecta voluntad. Que podamos emular tu legado y ser familias que trasciendan en lo que tiene valor eterno, en el nombre de Jesús, Amén.