Romanos 13:11-12 Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
Por: Dayse Villegas Zambrano
Si bien los creyentes no están calculando fechas para los acontecimientos finales, porque tal como Jesús estableció, eso no es algo que nos corresponde, tampoco están a oscuras en cuanto al tiempo. Podemos leer las señales porque el Espíritu nos anima a levantarnos del sueño y a estar alertas.
Esperamos con una actitud despierta, contando cada día como un acercamiento al día de nuestra redención. De esta manera, para nosotros el Señor siempre está pronto, siempre está cerca. Cada día es un milagro que nos conduce al milagro mayor.
Pablo hace dos mil años sentía que la noche estaba avanzada, pues vivía en un contexto de persecución local. Qué diremos nosotros, que vivimos en un contexto de persecución global. La noche está avanzada, no entendemos por qué tanta maldad, deseamos estar ya libres de ella; las amenazas se multiplican. ¿Sucumbirá el mundo a los desastres naturales, a una auténtica pandemia o a un desastre nuclear?.
El creyente piensa de otra manera: mientras más oscuro parece, se acerca el día. Y qué día será ese, el Día del Señor, descrito como grande y terrible al mismo tiempo; grande para los que lo esperan, terrible para los que desearían que nunca llegue.
¿Qué hace alguien que vive esperando ese día? Desecha las obras de las tinieblas y no por ello se queda sin nada que hacer o se queda sin recursos. Al contrario, su vida se eleva, porque se viste de las armas de la luz, esa armadura de Dios cuya ofensiva está marcada por la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Que en este tiempo oscuro podamos sumergirnos en ella para estar preparados para el gran día.