Estamos Ubicados en:
Ximena 421 y Padre Solano,
info@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216
Berajot
berajot@pibguayaquil.com
Fono: +593 98 901 0216

Romanos 5:3-5 Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Por: Dayse Villegas Zambrano

Decíamos que nuestra esperanza ha sido comprada a alto precio, primeramente, por Cristo el ejecutor de las promesas, y ha sido depositada en nosotros como la semilla del fruto del Espíritu Santo. ¿Qué hacemos con el fruto? Buscar el crecimiento en Dios. Y la manera de Dios es especial, él hace crecer nuestra esperanza por medio de las tribulaciones y las pruebas. 

Esa es la parte que nos gustaría que fuera de otra manera; desearíamos que Dios nos ahorrara los dolores del crecimiento y nos hiciera saltar de nivel como en uno de esos juegos de superhéroes, acumulando tesoros y vidas extra, reuniendo materiales para construirnos un castillo cómodo y seguro. 

Sin embargo, en las parábolas, Jesús no nos comparó con super soldados sino con un huerto, una viña, un trigal en el que Dios ha puesto a un hortelano a sembrar pacientemente, cavar, abonar, regar, esperando ver fruto.   En el principio, Dios no puso un ejército en la tierra, sino un huerto. Los primeros seres humanos fueron hortelanos. Un trabajo de paciencia y esfuerzo. Salmos 126:6 describe la dureza de la siembra, pero también el regocijo de la cosecha. 

Enfrentamos mejor la prueba cuando sabemos que del otro lado nos espera la recompensa, nosotros mismos, pero más parecidos a Cristo; con un carácter paciente, esperanzado, derramado con el amor de Dios. Menos impetuosos, más llenos del Espíritu. Esto es lo que Dios espera ver en nosotros.

Usamos cookies para una mejor experiencia de usuario.