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Romanos 7:6 “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra”.

Por: Nelly Jácome de Pérez

El mensaje principal que Pablo quería transmitirles a los hermanos en Roma era este: Gracias a su fe en Cristo, han sido liberados —legalmente libres— de las obligaciones de la ley. Ya no están sujetos a ella. La muerte de Cristo los liberó para dar fruto para Dios. De esto se trata la vida cristiana: ¡El triunfo de la gracia de Dios!.

Pablo explica que podemos pasar de un largo listado de cosas que se pueden y no se pueden hacer, a una relación de amor cercana y creciente con nuestro Señor. La ley conlleva una condena de muerte debido a nuestra incapacidad de cumplirla, no obstante, estar unidos a Cristo nos da vida.

Pablo dejó bien claro en este pasaje que la ley no puede ni debe vencer al pecado ni a la muerte, puesto que el pecado se define e incluso se promueve a través de la ley. Sin embargo, quienes han muerto con Cristo son liberados del pecado y de la ley. Ser libres en Cristo significa no vivir obedeciendo un conjunto de reglas —recordemos que no podemos ganarnos la gracia de Dios, ya que estamos muy lejos de su justicia—, sino vivir con un corazón y una mente renovadas, rebosantes de amor por Dios. Reflexiona sobre la verdad de este pasaje: has muerto a tu naturaleza pecaminosa; ya no te domina y ahora vives según la nueva guía del Espíritu.

Cuando entendemos el gran amor de nuestro amado Señor Jesucristo, el cumpliendo la ley plenamente, para que nosotros pudiéramos a través de Él ser justificados, aceptos al Padre y sellados con las arras del Espíritu Santo de Dios como su propiedad; el servicio a nuestro Dios no será gravoso, ni pesado, ni difícil de cumplir, solo debemos creer en lo que hizo nuestro Salvador en la cruz del calvario para redimirnos y servirle con ánimo pronto, con gozo y gratitud en Su Obra. Que Él a su retorno a la tierra, nos encuentre ocupados en los asuntos de su Reino, donde nosotros cada día mengüemos, para que Él crezca en nosotros, para gloria de Dios Padre, Amén.

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