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Santiago 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”.

Por: Xavier Yánez Cando

Santiago no comienza hablando de la prueba, sino del estado del creyente: “Bienaventurado”. Una iglesia firme no es aquella que no tiene problemas, sino la que entiende que su felicidad y propósito no dependen de las circunstancias, sino de su posición en Cristo.

Nuestra identidad Cristo-céntrica nos dicta que no somos “víctimas” de la tentación o la prueba, sino atletas espirituales en entrenamiento. Soportar no es simplemente “aguantar la respiración hasta que pase el túnel”, es mantenerse bajo la carga con la mirada puesta en Aquel que ya venció.

La palabra “resistido” en el griego original “dokimos” se refiere al proceso de purificar metales. El oro se prueba con fuego para quitar la escoria. La Iglesia firme no se quiebra ante la presión porque sabe que el fuego solo consume lo que no es de Dios, la Iglesia Constante no fluctúa según las modas teológicas, sino que permanece en la roca que es la Palabra.

El versículo cierra con una promesa para “los que le aman”, aquí reside el corazón de nuestra identidad, no resistimos para ganar la salvación, resistimos porque amamos al Salvador, una iglesia que ama a Dios por encima de sus propios deseos se vuelve inamovible. La “corona de vida” no es un trofeo para nuestro ego, es el reconocimiento de una vida que reflejó la gloria de Cristo hasta el final.

¿Estamos buscando que Dios nos quite la prueba, o le estamos pidiendo que nos dé la firmeza para ser hallados aprobados? Una iglesia Cristo-céntrica no teme al desierto, porque sabe que Cristo es el maná; no teme a la tormenta, porque sabe que Cristo es la paz.

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