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1 Tesalonicenses 5:17 “Orad sin cesar”.

Por: Marianella Layana de Jácome 

La oración es la respiración del alma. Así como el cuerpo necesita respirar para mantenerse con vida, el creyente necesita buscar constantemente a Dios para mantenerse espiritualmente fuerte. La oración no es solamente pedir cosas; es comunión, confianza y dependencia del Padre.

Jesús nos dejó ejemplo de una vida de oración. Aun siendo el Hijo de Dios, apartaba tiempo para hablar con el Padre. Esto nos enseña que la oración no debe ser solo para momentos difíciles, sino una práctica diaria.

La Biblia también muestra el poder de la oración en la vida de Daniel. Aun cuando Nabucodonosor prohibió orar y sabía que podía ser castigado, Daniel no dejó de buscar a Dios. Tres veces al día se arrodillaba y oraba como siempre lo había hecho. Por mantenerse fiel, fue lanzado al foso de los leones, pero Dios cerró la boca de los leones y lo libró. La oración no evitó la prueba, pero sí hizo que Dios estuviera con él en medio de ella.

Muchas veces pensamos que orar hará desaparecer inmediatamente nuestros problemas, pero en ocasiones Dios usa la oración para fortalecernos mientras atravesamos el proceso. Usa la oración para demostrar su Poder su misericordia en nosotros La oración trae paz, renueva las fuerzas y nos ayuda a mantenernos firmes aun en tiempos difíciles. Dios, no responde de inmediato, pero mientras esperamos, Él trabaja en nuestra vida y fortalece nuestra fe.

Una iglesia que ora unida es una iglesia fuerte. Donde hay creyentes perseverando en oración, hay dirección espiritual, renovación y poder de Dios obrando.

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