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1 Timoteo 3:15 “Para que, si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, la cual es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El apóstol Pablo instruye a Timoteo sobre el orden, y las responsabilidades espirituales que deben regir la vida interna de la iglesia. La palabra “Baluarte” se traduce del término griego “hedraioma”, que significa un cimiento sólido, una base firme que sostiene una estructura pesada para evitar su caída. Esta definición revela la altísima vocación de la iglesia en el diseño divino: somos el organismo espiritual elegido por Dios para exponer y proteger la verdad absoluta ante el mundo.

La conducta de cada creyente dentro de la “casa de Dios” debe estar estrictamente alineada con la santidad del Dios viviente que habita en el corazón de cada uno de los miembros del Cuerpo de Cristo. ¿Refleja nuestra conducta diaria y congregacional el debido respeto por el llamado a la santidad de la iglesia, o tratamos la obra de Dios con ligereza y poca reverencia? 

Ser “columna” de la verdad significa que la iglesia tiene la misión de exponer en lo más alto la palabra del Evangelio para que sea visible a todas las naciones. Cuando una columna se agrieta, debilita o cede en sus fundamentos, todo el edificio corre el riesgo de colapsar. Por tanto, la vigilancia y la firmeza doctrinal no son recomendaciones tibias sino un llamado urgente a obedecerlo ya que no será exclusivo de los pastores, sino un deber de cada miembro que forma parte de la iglesia.

La iglesia del Dios vivo debe ser un refugio de la verdad en medio de un océano de mentiras y deformación moral. No podemos comprometer los principios bíblicos solo para agradar y no incomodar a una generación que llama a lo malo bueno y a lo bueno malo.

Amada iglesia, asumamos con temor y temblor reverente la responsabilidad de ser los guardianes de la verdad, que nuestras congregaciones se mantengan sólidas como columnas bien cimentadas, firmes y constantes para la defensa de la sana doctrina, sabiendo que Sus Palabras no pasarán jamás, Amén.

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