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Tito 2:11-12 “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”.

Por: Ericka Herrera de Avendaño

A menudo pensamos que la gracia es solo el perdón de los pecados, pero Pablo le enseña a Tito que la gracia es también nuestra maestra de sobriedad. La gracia nos capacita para decir “no” a la impiedad y a los deseos que el mundo intenta imponernos. Vivir de forma “sobria” es el resultado directo de permitir que la gracia transforme nuestro carácter. La sobriedad en “este siglo” es un desafío constante porque vivimos en una cultura diseñada para la distracción y el exceso. 

Ser sobrios es tener un dominio propio que nace de la gratitud a Dios. Velar por nuestra santidad no es una carga legalista, sino una respuesta de amor a la gracia manifestada. La firmeza se muestra en la capacidad de vivir piadosamente en un entorno impío. La constancia en la justicia y la piedad es lo que nos diferencia de aquellos que son arrastrados por sus propios deseos. 

La sobriedad nos permite disfrutar de las bendiciones de Dios sin que estas se conviertan en ídolos que nos emborrachen el corazón. Hoy, deja que la gracia de Dios te enseñe a poner límites. Evalúa si hay “deseos mundanos” que están nublando tu visión espiritual y ríndelos a los pies de Cristo. Vivir sobria, justa y piadosamente es la mejor forma de velar por nuestro testimonio ante los que no conocen al Señor. Que tu vida sea una evidencia clara de que la gracia ha hecho una obra profunda en ti, dándote la estabilidad y la claridad mental para caminar con integridad. Iglesia, la sobriedad es el fruto de una gracia bien entendida; permanece firme en ella y vela por mantener tu corazón limpio en medio de este siglo.

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