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Gálatas 6:9 “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su debido tiempo cosecharemos, si no desmayamos.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El apóstol Pablo revela uno de los enemigos más silenciosos pero devastadores para la iglesia: y es el desgaste emocional y espiritual que produce permanecer rodeado de un entorno enemigo como lo es el mundo. La expresión “No nos cansemos” proviene del término griego “egkakeo”, que significa no perder el corazón, no desanimarse, no tirar la toalla o desfallecer en el cumplimiento del deber. Este mandato nos advierte que la iglesia también es atacada por el agotamiento interno de aquellos que, al no ver resultados inmediatos, o deseados, se sienten muy tentados a disminuir su fervor y su compromiso con Dios.

El “hacer bien” en el contexto de la verdad no se limita a la ayuda social, sino que abarca la defensa activa de la sana doctrina, la crianza de los hijos bajo principios bíblicos y la proclamación del Evangelio en una sociedad pecadora. En nuestra era es fácil experimentar fatiga espiritual cuando observamos que la mentira es aplaudida por las mayorías y que la fidelidad a las Escrituras a menudo es menospreciada. 

¿Hemos permitido sutilmente que el cansancio nos lleve a cumplir con nuestros deberes de manera mecánica y sin pasión por las almas y por Cristo? La firmeza demanda renovar diariamente nuestras fuerzas en la presencia de Dios.

Las promesas divinas funcionan como la medicina idónea para disipar todo desaliento: “porque a su debido tiempo cosecharemos”. El tiempo de Dios no se rige por las demandas o tiempos de los hombres. Él tiene un calendario soberano y perfecto para recompensar la fidelidad de su pueblo. Cada oración intercesora, cada hora invertida en el servicio y cada decisión para guardarse en santidad tomada en la intimidad, son semillas que darán su fruto irrevocable en el momento determinado por el Padre celestial. La única condición es, si no desmayamos”. 

No podemos ser espectadores indiferentes ante el enfriamiento espiritual de quienes nos rodean en la congregación. No midamos la eficacia de nuestra fidelidad por los aplausos del mundo, Mantengámonos firmes, constantes y unánimes en la práctica del bien y la verdad. Recordemos que nuestro trabajo en el Señor jamás será en vano y que la recompensa celestial está asegurada para los que perseveran hasta el fin, Amén.

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