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1 Timoteo 4:1 “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.”

Por: José Antonio Villegas Zambrano

El Espíritu Santo nos entrega a través de las Escrituras una advertencia profética explícita sobre el panorama espiritual de los últimos tiempos. La palabra “Apostatarán” proviene del término griego “aphistemi”, que significa apartarse, de una posición original, desertar o remover un fundamento previamente aceptado. El peligro que describe el apóstol Pablo no es un colapso repentino de la fe, sino un deslizamiento sutil y progresivo donde la iglesia deja de sostener los absolutos divinos para abrazar corrientes doctrinales más tolerantes y atractivas y engañosas al pensamiento.

Esta apostasía se produce de manera imperceptible cuando la iglesia abre sus oídos a “espíritus engañadores”. El engaño moderno rara vez se presenta de forma grotesca o directamente satánica; comúnmente se disfraza de humanismo, amor inclusivo sin arrepentimiento y discursos motivacionales que anulan el poder de la cruz. 

¿Hemos comenzado a apuntar la línea de crecimiento de nuestras iglesias por el nivel de entretenimiento y comodidad que ofrecemos, en lugar de por nuestro apego estricto a la sana doctrina? La constancia colectiva nos exige cerrar las puertas a cualquier voz extraña que intente acomodar el mensaje a las demandas de la santidad bíblica.

Las “doctrinas de demonios” tienen como objetivo despojar de la autoridad absoluta a las Sagradas Escrituras en la mente de los creyentes. Cuando una congregación acepta que la Biblia contiene errores históricos o culturales que deben ser corregidos, ha entregado su baluarte defensivo. Mantenerse firmes en la verdad requiere que declaremos con convicción inquebrantable, la inerrancia e inspiración total de la Palabra de Dios. No somos llamados a redefinir el mensaje del Evangelio, sino a ser guardianes celosos de su pureza.

Esta firmeza ante la apostasía demanda que cada miembro de la congregación local desarrolle una sólida madurez espiritual. La ignorancia bíblica es el caldo de cultivo idóneo para que los falsos maestros introduzcan herejías destructoras bajo la apariencia de “nuevas revelaciones”. La iglesia debe ser un centro de enseñanza donde se capacite a los santos para discernir entre la verdad de Dios y las fábulas humanistas.

Amada iglesia del Dios vivo, exhorto a mantenernos velando y en constante evaluación de nuestros fundamentos espirituales. El Espíritu nos ha advertido con claridad para que estemos preparados; permanezcamos, pues, firmes, inconmovibles y unánimes en la defensa de la verdad que nos hizo verdaderamente libres, Amén.

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