Mateo 16:18 “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”
Por: José Antonio Villegas Zambrano
El Señor revela a sus discípulos el destino eterno, la solidez y el triunfo absoluto del cuerpo espiritual que Él mismo vino a levantar mediante su sacrificio en la cruz. La expresión “Roca” se traduce originalmente del término griego “petra”, que denota una masa compacta e inamovible de piedra viva en su estado natural, haciendo referencia al Señorío divino de Jesús. Esta promesa profética constituye el ancla firme de la seguridad de la iglesia, garantizándonos que, a pesar de todas las tormentas a través de los siglos, el resultado final para el pueblo de Dios ya está asegurado y es la victoria.
Las “puertas del Hades” representan la totalidad del poder del imperio de las tinieblas, el cual ha desatado a lo largo de las generaciones feroces ataques mediante persecuciones sangrientas. Sin embargo, la Palabra de Dios declara con autoridad soberana que estas fuerzas infernales carecen de la capacidad espiritual para prevalecer, destruir el testimonio y la permanencia de la iglesia fiel.
¿Vivimos con la certeza de ser un pueblo escogido por Dios que camina con la confianza de ir hacia una victoria segura, o como un ejército derrotado que huye? Saber que el desenlace de la historia humana ya ha sido escrito por el Rey de gloria, nos libera de todo temor, porque sabemos que el fundamento de nuestra fe es inamovible y que Aquel que prometió es fiel para cumplir su palabra.
Esta firmeza victoriosa demanda una consagración final en cada miembro del cuerpo de Cristo. El reloj profético de Dios está marcando la última hora. La iglesia debe levantarse con denuedo, santidad, pasión por las almas perdidas y un celo ardiente por las Sagradas Escrituras, proclamando el Evangelio de salvación entre tanto vuelve el esposo para que nos encuentre así.
Amada iglesia Miremos fijamente hacia el horizonte celestial con el gozo y el honor de saber que pertenecemos al Reino inconmovible de Dios. Avancemos unánimes, hombro con hombro, combatiendo por la fe del Evangelio, porque la victoria es de los que permanecen fieles hasta el fin glorioso, Amén.